Les Wexner, fundador de Limited, asegura que se convirtió en un verdadero "constructor" de instituciones cuando empezó a disfrutar el proceso de selección de su gente, tanto como antes había disfrutado elegir ropa de moda. Y el éxito de Bob Taylor, creador del absolutamente innovador PARC (Palo Alto Research Center) de Xerox, se basó en su capacidad fuera de serie para "detectar talento". Claro que con reclutar Gran Talento no alcanza. ¡Hay que proponerle búsquedas inspiradoras! Amo la palabra "búsqueda".
Evoca a todos -desde Cristóbal Colón a Copérnico, y desde Martin Luther King a Margaret Thatcher-, excepto al 90 por ciento e los esclavos encerrados en los cubículos de todo el mundo. "Los grupos son extraordinarios sólo cuando todos y cada uno de sus miembros son libres de dar lo mejor de sí"...."Lo mejor que puede hacer el líder de un grupo extraordinario es ayudar a sus miembros a descubrir su propia grandeza".
Dos afirmaciones de Warren Bennis y Patricia War Biederman, de su libro Organizing Genius. Me quedé sin aliento después de leer esas frases. ¡Qué aspiraciones monumentales! ¿No describen perfectamente el problema del 99 por ciento de las organizaciones?
La gente rara vez es libre de dar lo mejor de sí y descubrir su grandeza. ¿Qué creo? Que, si no modificamos esta realidad, líderes y empleados enfrentaremos la falta de motivación y la mediocridad, y ninguna estrategia podrá salvarnos, no importa cuán brillante o sabia sea. Debemos buscar aventureros porque suelen ser un poco (o muy) singulares. Siguen sus propios caminos pero, al mismo tiempo, se comprometen...muy a pesar de los hombres "organización". Insisto: ¡convoque a los desajustados!
¿Hace mucho que no lee el libro de historia de su hijo? Incluye una colección de desajustados: Alejandro, Napoleón, Drake, Nelson, Juana de Arco, De Gaulle, Churchill, Jefferson. Todos generadores de problemas. ¿Por qué no llevarlos a nuestro pequeño gran rincón en la empresa? ¿Por qué no a toda la red de la compañía?
Creo en ese zoológico de seres peculiares, provocándose recíprocamente para alcanzar o superar el límite, dispuestos a delinear paisajes futuristas, preparados para cuestionar todas las premisas. ¿Es así su empresa? Copiar al líder es un arma de doble filo: el líder dejará de serlo en el momento en que alguien lo copie. Lamentablemente, estamos sitiados por el "yo también", por "la igualdad de las cosas", en palabras del analista cultural Paul Goldelberg.
Todo es cada vez mejor pero, también, más parecido; sin duda, una de las grandes paradojas de la empresa moderna. Admitimos que la diferenciación es la clave y, aun así, no hacemos otra cosa que crear una plétora de productos y servicios similares.
Según Kjell Nordström y Jonas Ridderstrale, los autores de Funky Business, "hay un superávit" de empresas parecidas, que contratan personas similares, con experiencia y educación similares, a las que se les ocurren ideas similares. Para tener éxito hay que dejar de ser tan "normales".
En un mundo en el que el ganador "toma todo", "normal" equivale a "nada". Por eso, quien no pueda acreditar con pruebas contundentes su compromiso con el cambio radical no merece ninguna promoción o ascenso.
¿Queremos buenos estrategas? ¡Por supuesto! Entonces exijamos "corazón y voluntad", rechazo a lo establecido y a las "culturas" instaladas. Necesitamos líderes que sean capaces de evocar sus propias fuentes de osadía, espíritu y coraje, e instar a otros a recordar las suyas, para que juntos revolucionen la forma en que se han hecho las cosas por generaciones, y se aventuren en el mañana con despreocupación, valentía y determinación.