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El ADN del innovador


En su libro El ADN del innovador, Clayton Christensen señala que la mayor parte de nuestras habilidades para la innovación —aproximadamente dos tercios de ellas— son adquiridas. Primero se aprende la habilidad, luego se la pone en práctica y finalmente se gana confianza en la capacidad de crear.

Si los innovadores no nacen sino se hacen, ¿cómo llegan a surgir en ellos las grandes ideas novedosas? En primer lugar, los innovadores poseen una habilidad cognitiva que en el libro recibe el nombre de “pensamiento asociativo” o, simplemente, “asociación”. Esta habilidad tiene lugar cuando el cerebro intenta sintetizar información novedosa y sacar de ella un significado. Al establecer conexiones entre temas, problemas o ideas aparentemente no vinculados, los innovadores descubren nuevas orientaciones y perspectivas. Los adelantos innovadores a menudo suceden en la intersección de diversas disciplinas y campos. Los pensadores innovadores conectan campos, problemas o ideas que otras personas consideran por separado.

Las otras cuatro habilidades de descubrimiento desencadenan el pensamiento asociativo al ayudar a los innovadores a aumentar su inventario de ideas creativas. Específicamente, los innovadores suelen poner en práctica las siguientes habilidades conductuales:

Cuestionar. Son cuestionadores consumados que sienten pasión por la indagación.

Observar. Son observadores intensos. Examinan cuidadosamente el mundo que los rodea, incluyendo a clientes, productos, servicios, tecnologías y organizaciones, y sus observaciones los ayudan a idear nuevas maneras de hacer las cosas.

Trabajar en red. Invierten gran cantidad de tiempo y energía en extraer y comprobar ideas a través de una variada red de individuos.

Experimentar. Permanentemente testean nuevas ideas.

 

Trabajar en red

Ahora haremos foco en esta habilidad. El principio básico del trabajo en red orientado a las ideas —como opuesto al que se orienta a la búsqueda de recursos—, es tender un puente hacia un área de conocimiento diferente a partir de la interacción con alguien no habitual. ¿Cómo lograrlo?

1)    Haga una lista con los nombres de las diez personas con las que más le interesaría hablar si estuviera intentando obtener o perfeccionar una idea. Vaya aún más lejos y escriba la lista ahora mismo. ¿Cuántas de esas personas tienen puntos de vista o antecedentes diferentes de los suyos?

2)    Programe, al menos una vez a la semana, una comida con alguien que provenga de un ambiente diferente del suyo.

3)    Asista en los próximos 12 meses a no menos de dos conferencias: una sobre un tema relacionado con su actividad y otra sobre un tópico que esté fuera de su área. Haga un esfuerzo por conocer gente nueva e interiorizarse sobre sus preocupaciones.

4)    Arme una comunidad creativa. Identifique a unas pocas personas a las que considere abiertas a discutir nuevas ideas y elija un lugar creativo para reunirse con ellas regularmente, a fin de intercambiar puntos de vista y discutir nuevas tendencias.

5)    Invite una vez a la semana a alguna persona talentosa que provenga de un ambiente que no sea el suyo —diferente cargo, profesión, país, edad o grupo socioeconómico—, a almorzar con usted y su equipo. Pídale su opinión sobre los desafíos que usted enfrenta en materia de innovación.

6)    Fomente la capacitación cruzada. Seleccione a expertos en diferentes funciones, industrias o regiones geográficas, y presencie sus sesiones y reuniones de capacitación. Los gerentes de marketing de Google y P&G intercambiaron durante un mes sus puestos para aprender aspectos claves del ambiente del otro, así como nuevas maneras de encarar los desafíos en una industria que no era la propia.